Para las mujeres que ya lo han vivido conmigo
Tres minutos de vídeo. Sin guión, sin preparación y sin que tenga que salir perfecto.
Tu historia es lo único que otra mujer —que hoy lo tiene todo y por dentro va a mil— necesita oír para atreverse a parar.

Por qué te lo pido
Ahora mismo, otra mujer se despierta de madrugada con la cabeza a mil. Lo tiene todo y, por dentro, no puede más. Está convencida de que es la única —y de que ella no tiene arreglo.
A mí no me va a creer del todo. Pensará que es mi trabajo decirlo.
Pero a ti sí. Porque tú estuviste donde ella está, y saliste.
Por eso te pido tu vídeo. No para que quede bonito: para que ella se reconozca en ti y se dé permiso para parar. Es, probablemente, el regalo más grande que le puedes hacer a alguien que aún no conoces.
Antes de grabar
Lo que de verdad ayuda a otra mujer no es un vídeo perfecto: es reconocerse en ti. Así que olvídate de hacerlo bien y quédate con esto.
Grábalo en horizontal, con buena luz y sin ruido. Con el móvil sobra.
Háblale como a una amiga que está hoy como tú estabas: a mil, teniéndolo todo y sin disfrutarlo.
Responde solo las preguntas que conecten contigo. No tienen que ser todas.
Cuando puedas, da un detalle concreto: una cifra, un momento, una escena. Lo concreto es lo que se cree.
Empieza por cómo estabas antes. Cada pregunta trae una frase de arranque para que no te quedes en blanco.
No busques quedar bien. Busca ser sincera. Eso es lo único que vale.
Preguntas guía
Cada una con su frase de arranque. No las respondas todas: elige las que más conecten contigo.
Cuéntame tu nombre, tu edad, de dónde eres y a qué te dedicas.
Comienza por aquí → «Me llamo ___, tengo ___ años, soy de ___ y me dedico a ___.»
¿Cómo era tu día a día? ¿Cómo dormías, cómo notabas el cuerpo, cómo te sentías por dentro aunque por fuera todo fuera bien?
Comienza por aquí → «Antes de empezar a trabajar el cuerpo y la calma con Marta, yo…»
¿Por qué llegaste a pensar que esto no era para ti, o que no te iba a funcionar?
Comienza por aquí → «Al principio dudaba, porque…»
¿Hubo un momento concreto en que dijiste «así no puedo seguir»?
Comienza por aquí → «Decidí probarlo cuando…»
Algo concreto: un gesto, una práctica, un momento del día en el que te paraste a atender tu cuerpo.
Comienza por aquí → «Lo que empecé a hacer fue…»
Cuéntalo con algo medible: cómo duermes, qué notas en el cuerpo (la mandíbula, los hombros), cuántas veces te has sorprendido disfrutando de algo que antes pasaba de largo.
Comienza por aquí → «Ahora…»
Más allá de dormir mejor: el permiso para parar, la culpa, volver a estar presente, recuperar las ganas.
Comienza por aquí → «Por dentro, lo que más ha cambiado es…»
En lugar de «pensarlo más» o «esforzarte más», como habías intentado otras veces.
Comienza por aquí → «Lo distinto de hacerlo desde el cuerpo fue…»
Tu pareja, tus hijos, alguien cercano. ¿Qué te dijo?
Comienza por aquí → «La gente de mi alrededor…»
A una que hoy lo tiene todo y por dentro va a mil, sin disfrutarlo.
Comienza por aquí → «A una mujer que está donde yo estaba le diría…»
¿Te abruman las preguntas?
Tu nombre, edad, a qué te dedicas, y cómo estabas antes (a mil, sin disfrutar, el cuerpo en tensión).
Qué dudas tenías y qué te hizo decidirte.
En tu cuerpo, en tu día y por dentro. Con algo concreto.
A una mujer que está hoy donde tú estabas.
Cómo enviarlo
Necesito estos datos para poder usar tu testimonio con honestidad. Sin ellos no puedo publicarlo.
Sé lo que cuesta pararse, y más aún contarlo. Pero tu historia va a ayudar a otra mujer a darse permiso para volver a su cuerpo. No es poca cosa.
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